Publicamos el reciente mensaje del Dr. Burton Conrod, Presidente de la FDI, publicado en el boletín WORLDENTAL de junio de 2008.

Para la mayoría de los dentistas, el reconocimiento de las graves consecuencias negativas que pueden tener las enfermedades orales sobre la salud de las personas es una propuesta muy evidente. Sin embargo, para el público general, que con frecuencia se ve abrumado por un gran número de mensajes sanitarios sobre el cáncer, la diabetes o las enfermedades cardiovasculares, los efectos perjudiciales del deterioro dental podrían parecer una cuestión de menor importancia que puede ignorarse dentro del marco más amplio de la salud general. En muchos casos, los gobiernos nacionales, con unos recursos insuficientes para proporcionar una asistencia sanitaria óptima, pueden decidir ignorar la enfermedad crónica no declarable más común de nuestro planeta – la caries dental.

Dr. Burton Conrod
Presidente de la FDI

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Preguntemos a un niño que no ha podido dormir durante tres noches debido a un fuerte dolor de dientes. Preguntemos a una mujer embarazada incapaz de masticar debidamente debido a las ulceraciones orales y la sensibilidad provocadas por una dentadura cariada y deteriorada. Preguntemos a un hombre incapaz de trabajar como resultado del dolor provocado por una infección dental y que debe desplazarse a una comunidad muy alejada para recibir un tratamiento que de todos modos no podría costearse. Preguntemos a un anciano aquejado de septicemia de origen dental. La respuesta es evidente – las enfermedades odontológicas puede tener consecuencias negativas graves para la salud de las personas, así como para su bienestar, tanto social como económico.

Un problema importante al que se enfrentan los dentistas de los sistemas sanitarios públicos implicados en la promoción de la salud odontológica es demostrar la carga que suponen las enfermedades orales. Algunos países disponen de datos estadísticos DMFT o DMFS, aunque sean bastante antiguos. Estas cifras no siempre proporcionan una imagen real del estado de la salud oral de una población y ciertamente no resultan adecuados para revelar la importancia del problema al público general y a los gobiernos. En los países ricos, una puntuación DMFT de 6 podría indicar que muchas personas tienen cinco dientes restaurados correctamente y un diente reemplazado por un implante o un puente fijo. En los países pobres o en vías de desarrollo, es más probable que una puntuación DMFT de 6 indique que la mayoría de sus habitantes tienen varios dientes cariados sin restaurar, con el potencial inmediato de causar dolor e infección. La puntuación DMFT por sí misma nunca podrá reflejar los graves problemas de salud asociados a la caries dental.

El uso exclusivo de datos estadísticos como las puntuaciones DMFT tendría como resultado, en muchos países, que los gobiernos pudieran ignorar fácilmente las necesidades sanitarias orales, considerándolas un lujo que no puede sufragarse en un sistema cuyo objetivo consiste en proporcionar una asistencia mínima para las enfermedades que provocan una incapacidad más evidente. Creo que ha llegado el momento de que los ministros de sanidad sean conscientes de lo que siempre han sabido los dentistas – una buena salud general depende en gran medida de una buena salud oral y algunas enfermedades comunes como la caries dental pueden causar un gran nivel de dolor, sufrimiento, costes económicos e incapacitación social.

Necesitamos contar con un método más realista para demostrar el coste real de las enfermedades odontológicas en términos de sufrimiento personal y pérdidas económicas. Esto nos permitiría luchar con mayor eficacia para conseguir el establecimiento por parte de los gobiernos de políticas sanitarias orales acompañadas de planes de acción y presupuestos. Quizás deberíamos disponer de datos estadísticos sobre el tiempo escolar o laboral perdido como resultado de las enfermedades odontológicas, o simplemente conocer el porcentaje de personas que han experimentado dolor dental durante los seis últimos meses. Estos datos constituirían una valiosa información, además de los vínculos emergentes entre la salud oral y general, que podría utilizarse para la defensa de la inclusión de la salud oral en todas las agencias sanitarias.

Naturalmente, la odontología también es consciente de que, a diferencia de muchas de las enfermedades tratadas por nuestros colegas médicos, nosotros disponemos de tratamientos muy adecuados para la mayoría de las enfermedades orales. Y lo que es más importante, también sabemos que más del 95% de las enfermedades odontológicas son prevenibles. Con el fin de ganarnos al público general y a los gobiernos como aliados en esta batalla, primero tenemos que mostrarles el impacto del problema en unos términos que puedan entender plenamente.

Dr. Burton Conrod
Presidente de la FDI