Expedición al Nor Yauyos 

Nuestra bienvenida

Son las 10 de la mañana del 31 de julio y nos preparamos para partir hacia el caserío de Llapay, provincia de Yauyos que fuera creada por decreto del Generalísimo Don José de San Martín, el 4 de Agosto de 1821, formando parte del Departamento de Lima. La “Expedición de Odontorural” de este año tiene como destino esa zona del interior del país. Nos esperan 10 horas de camino en pista afirmada desde Lunahuana, que hubieran sido 2 horas menos si es que hubiésemos viajado en una 4×4, lamentablemente el presupuesto nos dio sólo para un pasaje en “coaster”. El viaje se vuelve pesado desde el pueblo de Zúñiga donde la pista deja de ser asfaltada y las curvas se vuelven más frecuentes e inclinadas. Hay que mantener las ventanas cerradas si no se quiere respirar el polvo del camino. A pesar de estas pequeñas incomodidades el viaje es ameno y encantador al descubrir los paisajes que se van formando en el curso del río Cañete a quien acompañamos de cerca por todo el camino, gracias a ello el camino no presenta precipicios que temer.  En coordinación con el Instituto Rural Valle Grande de Cañete (144 km de Lima) pudimos conseguir nuestro alojamiento en el caserío de Llapay a 2850 m.s.n.m donde el citado instituto tiene una sede de trabajo. Allí llegamos ya caída la noche sólo para cenar y dormir después de lo agitado del viaje.  En la mañana subimos al vehículo que nos llevará 20 minutos más arriba del camino hacia otro caserío llamado Tin Tin que reúne unas 10 casas y que cuenta con un puente de madera que cruza el río de aguas cristalinas en esta época del año. En la otra ladera empieza nuestro camino a pie cerro arriba que durará una hora y media –a buen ritmo- y que nos llevará al pueblo de Piños a 3660 m.s.n.m que es un anexo del distrito de Miraflores. Para llegar a Piños no hay forma de hacerlo sobre ruedas bastan las ganas de llegar.   work-camp-2006-037.jpg

Puente de Tin Tin

Al llegar a la entrada del pueblo nos reciben unas escaleras empinadas cómo si nos retaran a realizar un último esfuerzo después de la escarpada caminata. Estar en Piños nos mueve a reflexionar sobre la pobreza que encontramos en un lugar cercano geográficamente de la capital del país pero tan lejana de su modernidad.  Luego de tomar un reparador descanso nos presentamos al señor Clodomiro Benítez, presidente de la comunidad, y le explicamos el propósito de nuestra visita: realizar atenciones odontológicas completamente gratuitas. La propuesta fue bien recibida y comunicada a todos a través del parlante del pueblo de 80 personas. El parlante, que hubo que reparar antes de usarlo, está colocado en una de las dos torres de la iglesia y es el medio de comunicación por antonomasia del pueblo. 

Las dificultades de acceso al pueblo han hecho que muchos tengan que emigrar a otros pueblos con mayor cercanía a las vías de comunicación es por eso que encontramos muchas casas abandonadas, los pobladores las conocen como las casas de los “finados”. La gente de Piños vive de la agricultura de subsistencia y de sus pocos animales. Las vacas no son muy gordas por lo que más que leche dan un poco de pena. Sin embargo, nos sorprende la hospitalidad de sus pobladores que nos ofrecieron de almorzar, sin duda un gesto de mucha generosidad. Especial recuerdo tengo del mate de Huamanripa que nos dio una señora. La hierba que se consigue en la Puna a más de 4000 m, es puesta a hervir con azúcar y limón, y fue para nosotros realmente muy reconfortante.  Pronto nos pusimos manos a la obra e instalamos el “centro odontológico” en la plazuela del pueblo adyacente a la iglesia adonde acudían los pobladores. Mención aparte merece la iglesia del pueblo que tiene una antigüedad que data de la época colonial. En sus paredes se pueden apreciar todavía grabados de la época.  El trabajo odontológico se enfocó principalmente al aspecto preventivo: charlas de salud bucal, enseñanza de técnica de cepillado y aplicación de flúor gel. Se realizaron también algunas exodoncias. A  los niños se les entregó un cepillo y una crema dental.                 work-camp-2006-025.jpg A Piños subimos por tres días consecutivos. Vale decir que la caminata del tercer día costó menos que las anteriores debido a la aclimatación en la altura.

Las jornadas de trabajo finalizaron con las palabras de agradecimiento del representante de la municipalidad  de Miraflores, mencionó que este tipo de visitas no eran frecuentes en el pueblo debido a su lejanía geográfica. El cuarto día aprovechamos para visitar otros pueblos del Nor-Yauyos como: Tinco de Alis, Alis, Vitis y Huancaya famosa esta última por sus caídas de agua que se forman a los 3500 m.s.n.m. y que desembocan luego en la laguna de Pique, un paraíso para la contemplación.  

Después de este viaje emprendimos el regreso a Lima con la enorme satisfacción de haber aprendido mucho de la gente de Yauyos, de sus costumbres y de su cultura, antes de venir a este lugar pensamos nosotros que íbamos a dar pero fuimos nosotros los que recibimos más.  Es de justicia agradecer a las personas e instituciones de buena voluntad que hicieron posible este trabajo de voluntariado, en especial al Instituto Rural Valle Grande, Colgate Palmolive Perú, 3M del Perú y a Compañía Peruana de Pinturas CPP.