Odontología Rural: “Expedición Atumpata”

EXPEDICIÓN ATUMPATA

Abancay es la capital del Departamento de Apurimac ubicada en la cordillera sub-oriental andina del Perú. La ciudad está asentada a los 2300 m. de altitud a mitad de recorrido a la cumbre del Ampay, cuya cresta siempre nevada alcanza los 5223 m.s.n.m.

En Abancay el hombre se pierde en un inmenso paisaje de valles profundos como los del río Apurimac o del Pachachaca. Atractivos como el Mirador, explanada ubicada en lo alto, invita a contemplar la ciudad entera rodeada de altas montañas y picos y las imponentes ruinas de la ciudadela de Choque Quirao rememoran el gran aporte ural y arquitectónico de los antiguos pobladores de este lugar que ya va cautivando al mundo. A pesar de toda esta riqueza natural, el Departamento de Apurimac es el 2º con menor índice de Desarrollo Humano (IDH). La falta de acceso a los servicios básicos como agua o desagüe, las deficiencias de alimentación o de salud y la falta de caminos o carreteras hacen que aquí la vida sea realmente dura. Sin embargo el tesón de su gente por superar los obstáculos es realmente admirable.

Hacia allá nos dirigimos en la primera semana de agosto un grupo de odontólogos voluntarios y universitarios para realizar tratamientos dentales y ayudas de diverso tipo a los pobladores de una comunidad en la periferia de Abancay llamada: Atumpata (en quechua significa “explanada grande”). El proyecto de voluntariado fue realizado en coordinación con Cáritas – Abancay y financiado de diversas fuentes: recursos propios, ayuda económica de amigos, donaciones de alimentos por parte de la empresa Kellog’s y de material educativo por parte de Colgate Palmolive. El proyecto fue bautizado como: “Expedición Atumpata”.

Las 15 horas de camino por carretera que separa Lima de Abancay son tiempo propicio para ir aclimatándose e intercambiar ideas de trabajo entre los “expedicionarios” aunque el exceso de pronunciadas curvas jueguen una mala pasada a más de unos. Se llevó hacia el lugar materiales e instrumentos para realizar tratamientos preventivos como fluorizaciones y sellantes, de restauración utilizando la técnica atraumática con el uso de ionómero de vidrio, se llevó también un motor portátil para preparar cavidades más extensas y equipo de exodoncias. La promoción de salud bucal no se dejó de lado ya que preparamos material para dar clases de higiene bucal y de nutrición.

Abancay se encuentra en una privilegiada ubicación rodeada de montañas a manera de hoyo que le hace tener un clima templado, con sol radiante por las mañanas y lluvias que se limitan a los meses de enero y febrero, disfrutando el resto del año de una encantadora primavera. La comunidad de Atumpata se encuentra a 25 minutos en camioneta desde el centro de Abancay y cuenta con 500 pobladores dispersos a lo largo del camino. La gran explanada formada entre los cerros da lugar a la reunión de varias casas, la iglesia en construcción y la escuela primaria (que pintaron los universitarios que fueron con nosotros). Aquí instalamos nuestro “centro de operaciones”. El horario de trabajo sería de 8 de la mañana a 1 y de 3 a 5 de la tarde.

El primer día conocimos a la profesora Vilma, quien trabaja aquí desde hace más de 15 años, había promocionado nuestra llegada con una semana de anticipación por medio de un cartel escrito con plumón en el que avisaba los servicios odontológicos que brindaríamos.

– “Es importante colocar este tipo de anuncios con anticipación porque muchos comuneros viven en las alturas a horas de distancia y nos es fácil llegar rápido a todos” esto era evidente a nuestros ojos. “Cuando no había mucha movilidad tenía que caminar hora y media todos los días para llegar a la escuela” nos dijo.

Lo primero fue ganarse la confianza de la gente. Nos dijo la profesora Vilma que en el lugar se tiene desconfianza a todos los médicos que vienen de fuera. Muchos piensan que vienen a practicar con ellos. Algo que nos ayudó mucho fue el ir acompañados del párroco, el Padre Juan Canchari a quien todos trataban con mucho respeto.

– “Los doctores vienen de Lima y no les van a cobrar”. Les decía.

Nuestra intención inicial fue brindar nuestros servicios a los 70 niños que se encontraban de vacaciones pero luego nos dimos cuenta que no iba a ser sencillo ya que muchos de ellos estaban en sus casas ubicadas en las alturas de Atumpata. El horario tuvo que prolongarse todos los días por el número de personas que venían muchos de ellos después de varias horas de camino. Al final de las cinco jornadas atendimos a más de 100 personas entre niños y os. Si bien es cierto no pudimos hacer todas las atenciones que necesita cada uno al menos a todos los pudimos atender al menos con un tratamiento.

No hay duda que quienes más aprendimos de este viaje fuimos nosotros. La alegría de la gente de este lugar, a pesar de los problemas que tienen que afrontar, es admirable. Aquí pudimos apreciar lo que es una verdadera Comunidad, en donde existe una preocupación sincera de cada uno por los demás, la hospitalidad y generosidad es un tesoro que conservan la gente de Atumpata. Al final de uno de los días de trabajo una señora se acercó para regalarnos 4 naranjas como muestra de gratitud. Sin duda esta capacidad de desprendimiento por los demás es una lección que creo difícil poder olvidar.